Meses atrás, empezaron a llamarme la atención las nuevas formas de comunicación de forma profunda y específicamente las comunidades virtuales y el msn.
Y es extraño para un diseñador gráfico (pensaba) que no soportara las imágenes -y con imágenes me refiero a los tan conocidos emoticones- , que inundan las conversaciones virtuales y dificultan la comprensión precisa del mensaje, en si difícil por la ausencia de la voz y de sus entonaciones fonéticas que indiscutiblemente modifican por completo el significado de una palabra.
Me veía pues como un viejo cascarrabias, maldiciendo los dibujitos aquellos cuando los recibía y cuando por error los enviaba. ¿Seré acaso un neofóbico? o simplemente me permito no seguir el jueguito de la ambigüedad en el mensaje, pues aunque aborrezca dichas imágenes para el porvenir y la consolidación de una conversación fluida, admito que poseo en mi archivo de emoticones una larga lista de posibilidades que albergan diversos estados de animo e inducen a percibir múltiples situaciones, los cuales admito también he usado de forma jocosa con personas cercanas.
Las nuevas generaciones y las que vienen están adquiriendo una relación estrecha con los nuevos media, no adaptándose sino siendo parte del cambio que estos acarrean, desenvolviéndose con fluidez con las herramientas interactivas contemporaneas, dejando casi a un lado el tipo de interacción persona- persona haciendo de la pantalla su aliado y sonriéndole a un monitor como si este pudiese percibir el brillo que se desprende de los ojos tras este humano y hermoso gesto. Si a esto añadimos la adaptación de web-cams y micrófonos nos encontramos tras un fenómeno complejo de deshumanización y claro, aunque estos medios nos permiten acercarnos “en tiempo real” a una persona que se encuentra en otro continente, nos aleja físicamente de nuestro amigo que vive solo a unos cuantos metros.
Cuando no hay variabilidad en el medio, el impulso exploratorio se remansa, decía Morris y es cierto, pese a que se tienen las herramientas y las habilidades para operarlas, el msn es el minúsculo grano del universo Internet - según se observa en los sitios públicos que prestan este servicio – que se usa desde que se inicia la sesión hasta que se agota el tiempo. Se puede también apreciar en el msn la forma en que se “levanta la pata”, dando la posibilidad a los usuarios de decir hey, este soy yo, marcando mediante el color y la tipografía el territorio, no hay ya luchas físicas, son luchas de bites, el colorido del pavo real es ahora RGB, casémoslos aunque nunca te haya visto.
Morris habla del comportamiento anticontacto, que acá tambien aplica de forma que podemos saber quienes están en la red sin la necesidad nuestra de “aparecer”: ausente, no conectado, salí a comer, construyen una barrera más, dan la sensación de poder, de decidir libremente a quien se le quiere responder y a quien no.
¡ Ja ! Desmond también era pareidolico* - ya me lo imagino en las calles y autopistas hablándose a si mismo por el estado de animo de aquel convertible o de cuan agobiado debe estar ese bus escolar - y me alegra, es triste ver como escasea en estos tiempos la fascinación por lo pequeño, tan atiborrados estamos del consumo que características juguetonas del cerebro y del vivir cotidiano están siendo pisoteadas por los estereotipos más banales, educándonos para ser snobs, metiéndonos modelos que vemos ya tan normales y cotidianos, mujeres de piel dorada y que sudan silicona, farándula de la televisión, tan solo un imaginario de confort que nos meten en la cabeza, una nueva plaga: los centros comerciales.
Si bien, los nuevos medios acercan al ser humano a nuevas formas de percibir la información y de hacerse su espacio en el mundo, es preciso admitir que están convirtiéndolo en el mono encapsulado, el afán tecnológico nos lleva a acariciar la cabecita para que mueva la colita de nuestra mascota-robótica, a papá Noel se le escribe vía mail; se está comenzando a vivir más en función de lo virtual, prepárense... el Dios maquina dice yo reinaré.
* La Pareidolia es un fenómeno psicológico que ocurre cuando un estimulo vago y aleatorio – habitualmente una imagen – es percibido erróneamente como una forma reconocible; por ejemplo, ver caras y formas especificas en la silueta de las nubes. O sea, se trata de imaginar más allá de lo que realmente estamos viendo, una especie de ilusión – óptica o acústica – en la que nuestro inconsciente hace hallazgos inusitados.